Peñalba de San Esteban, en la provincia de Soria, a 900 metros de altura, se
sitúa en el límite Este de la DO Ribera del Duero, posiblemente en la zona más
desconocida de la denominación. Peñalba es un pueblo pequeño, con casas de
piedra y adobe, que encuentran su referente en una preciosa iglesia románica. No
falta un riachuelo, ni en sus orillas los chopos y los cada vez más escasos
olmos. Refugio de abantos, alcotanes, abejarucos, conejos y cucuruchotas. Los
olores de espliego, aliaga y trigo fresco perfuman sus tierras arenosas,
arcillosas y con guijo. Puro terruño. La irregular orografía convierte el lugar en uno de los parajes más discordantes de lo que son las grandes y productivas extensiones de la Ribera. Un pequeño valle, separado del río Duero por una pequeña cadena de montañas, que acoge en sus adustas laderas múltiples y pequeñas fincas, algunas de ni tan siquiera 50 cepas, casi todas centenarias y muchas, incluso, anteriores al paso de la filoxera, capaces de soportar y sobrevivir bajo duras condiciones. El clima es extremo, con pluviometría media inferior a los 400 mm/año. Los súbitos otoños no tardan en dejar paso a inviernos muy fríos, y las primaveras de fuertes heladas terminan cediendo a los calurosos veranos regados con tormentas inesperadas. Estas acusadas oscilaciones térmicas no hacen sino influir en el largo ciclo vegetativo de la planta, dando lugar a bajas producciones, pero, por lógica, aportando un nivel de calidad al fruto difícilmente alcanzado en otras zonas más prolíficas de la Ribera.
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